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La Eutanasia en España 2020. Apuntes históricos y reflexiones jurídicas.


La Eutanasia, entra en esta semana, en pleno debate político al reactivarse la tramitación de la ley que pretende su regularización. Estando señalada la fecha del 17 de diciembre de 2020, para su tramitación parlamentaria, en la que seríamos el cuarto país Europeo, tras Holanda, Bélgica y Luxemburgo, en el que se va a despenalizar la eutanasia, o suicidio asistido. Y en la que el Estado va a adquirir, si finalmente se aprueba, la obligación de facilitarlo y velar por este, al menos controvertido, derecho.


La eutanasia, cultura de la muerte
La eutanasia

Deberíamos hacer un repaso por la historia, para remontarnos al primer Estado moderno en aprobar la eutanasia, fue la Alemania Nazi, del 1 de septiembre 1939. por aquel entonces Hitler argumento ante la posibilidad de fundamentar una muerte misericordiosa ante los pacientes que tuvieran una enfermedad incurable, ante un caso de un padre que pedía la muerte de su hijo con una minusvalía psíquica y física al haber nacido sin un brazo ni una pierna, y aquel niño, fue eliminado, siendo utilizado este caso (caso ROE) para justificar la aprobación de la primera ley de eutanasia.


Por su parte Goebbels, ministro de propaganda nazi, promovió una película, que se llamaba "Yo acuso", cuya protagonista, una joven enferma de esclerosis múltiple, que suplicaba a su marido médico, que acabase con su vida, pues ésta no soportaba la idea de tener que pasar por una enfermedad tan grave e incurable, es decir la compasión ante el sufrimiento fue el argumento utilizado para la aprobación de esta primera ley de eutanasia. Parece que hasta este punto, la historia se repite, esperemos que no sirva como sirvió a este famoso dictador para ser utilizada para que ocurran ni en lo más mínimo las atrocidades que se cometieron en aquel entonces.


A diferencia de aquellos tiempos, donde la clase médica alemana aceptó casi en su totalidad, la eutanasia, como un instrumento para favorecer una muerte digna, a excepción de la asociación de enfermeras, que se opusieron mayoritariamente, en la actualidad los especialistas de los cuidados paliativos, así como la mayoría de asociaciones médicas, incluida la mundial, se oponen a la eutanasia, en cualquiera de sus términos.


Decir que desde que la primera ley de la eutanasia fue aprobada, la presión social fue incrementándose, principalmente por los familiares de aquellos que se consideraban descartados o descartables, hasta que se consiguió que se derogara mencionada ley tan sólo dos años después, en 1941. Aunque por aquél entonces ya era tarde pues nos encontrábamos ya en plena segunda guerra mundial, y Hitler no necesitaba esta ley para realizar las atrocidades que ocurrieron por aquél entonces.


Tenemos que recordar igualmente algunos de los casos más recientes, hace aproximadamente dos años, como el del niño Alfie Evans, niño al que se decretó, con el aval del tribunal de Luxemburgo, una eutanasia pasiva, como se llamó, que aún en contra de la voluntad de los padres, pasando por alto la patria potestad inherente a cualquier progenitor, y teniendo el apoyo del estado italiano, que ponía una cantidad de recursos considerable, para aplicarle un tratamiento alternativo. Aún así se le condenó a muerte.


El derecho fundamental que estamos decidiendo o definiendo más que el derecho a la vida, es el derecho a la libertad, libertad para morir, que muchos consideran como un avance social y que a nuestro criterio lejos de tal concepto muchos ven y vemos como un fracaso social.


"Curar, sí es posible, cuidar, siempre". Es evidente que por muy avanzada, esté la medicina, esta tiene algunos límites, que aunque se van superando con la evolución de la ciencia no es menos cierto, que van apareciendo otros límites nuevos, es un principio de la vocación médica, que reconocer la imposibilidad de curar, no significa el fin de la actividad médica.


El valor inviolable de la vida, no se debería poder cuestionar nunca, esto abre la puerta a otros retrocesos en materia social, como es la pena de muerte. Así como no se puede aceptar que otro ser humano, fuese nuestro esclavo aunque nos lo pidiese, o su situación económica o física, fuera catastrófica, tampoco deberíamos aceptar que se pudiera atentar contra la vida de otro ser humano, aunque éste nos lo pida.


La cultura de la muerte o la cultura del descarte, pensamos que es una solución errónea a la hora de afrontar el problema del sufrimiento y que se debería seguir debatiendo sobre las posibles soluciones que el Estado debería ofrecernos para afrontar estas difíciles situaciones.


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